Biografía

Carola Castillo
Venezolana y como muchos de mis compatriotas, me define mi propio legado ancestral: mi raza mezclada de indios, blancos y negros.
Un día me enamoré de las Constelaciones Familiares y decidí escribir el primer libro que se publicó en Venezuela sobre este tema y lo llamé “Ecos del Pasado”. Bauticé así la resonancia que a veces tienen en nosotros esas voces ancestrales.
Comencé como maestra de aula a forjar mi vida como docente. Allí experimenté las luces de lo que pude aprender de mis jóvenes alumnos, casi tan jóvenes como yo.
Después me gané una beca de estudios y partí a Estados Unidos donde aprendí inglés y estudié psicología. Cuando estaba a punto de graduarme, la vida me dió la hermosa dicha de ser madre. Regresé a Venezuela para darle continuidad a lo más importante de un ser humano: pasar la vida.
En mi incesante lucha por seguir viva, pasé a ser profesora de inglés, en una escuela técnica. Luego mi inquietud me llevó a seguir otro sueño de adolescente: ser guía de turismo en Venezuela. Comencé a viajar y visitar cada rincón de mi país. Visité con regularidad el “Mundo Perdido” de Sir Arthur Conan Doyle, que queda en Canaima, Estado Bolívar, donde cada día, en cada tour, me esperaban nuevos rostros de cientos de turistas de diferentes países. Me acomodé feliz, semana tras semana, por años, dentro de las churuatas de los indios Pemones.
Luego en la famosa Cueva del Guácharo, me adentré en los misterios del chamanismo cuando conocí la historia de los viajes del barón Alexander von Humboldt y sus acompañantes locales, quienes nunca transitaron la gruta completa por miedo y respeto a los espíritus que allí habitaban. Fue entonces cuando comencé a entender las diferencias entre el espíritu científico y la transferencia de la sabiduría chamánica. Entre historias, charlas y leyendas, mi alma fue encontrando los caminos de su propia fascinación.
Después conocí de cerca las dinámicas del mundo gerencial del turismo como Coordinadora de Operaciones de la empresa Viajes Meliá y como Directora de Ventas Corporativas del Hotel Caracas Hilton.
Más tarde emprendí la aventura de ser empresaria. Eso sí: sin abandonar nunca mi búsqueda de crecimiento personal.
Me formé en diferentes disciplinas: hice talleres, cursos y congresos hasta que un día todo eso me llevó a dar el paso decisivo: tomé un avión hasta Alemania, a comienzos del año 2001, y conocí a Bert Hellinger, hecho que definitivamente cambió el curso de mi vida para siempre.
Co-Fundadora del Bert Hellinger Institute of Western PA, en Estados Unidos, y del Instituto Bert Hellinger de Venezuela, el cual dirijo, hoy en día soy conferencista y dicto talleres y entrenamientos en distintas partes del mundo. Todos los años recibo invitaciones y mi agenda se llena de viajes y expectativas por todo aquello que el planeta me quiere dejar saber sobre sí, sobre sus gentes y su geografía.
Soy creadora de mis propias herramientas terapéuticas (los figurines y las pisadas sistémicas), por eso nunca viajo sola: en cualquier parte del planeta donde trabaje, siempre me acompañan esos excluidos de la tierra que andan buscando su lugar y su reconocimiento. Y yo los ayudo a alcanzar ese camino de paz.
Busco llevar el trabajo hacia lo cotidiano, por eso inventé la terapia ambulante en franelas que, con mi propio diseño, llevan mensajes del alma a todo aquel que las viste y las ve. Frases como “Mi papá es el mejor del mundo: encontró a mi mamá” hacen delicias y travesuras dentro de las familias bien constituidas y en las que no también…
Creo reconocer mis propias sombras y las que acompañan el alma de quienes me consultan. Ellas llenan los espacios que por mucho tiempo han estado vacíos. Y apuesto a la sanación con la responsabilidad de siempre tomar acciones sin dejarse enfrascar en la queja. El que utiliza el lamento sólo quiere una excusa para no llegar a ningún lugar.
Por eso, ahora como lema me gusta decir: “Busca que te buscan”, ya que creo que el alma continúa su andar día y noche incesantemente sin más tiempo que perder. Ya es hora del despertar de la conciencia.
Y es sólo tras estos años de experiencia que decidí apellidar mi trabajo como “Constelaciones Reconstructivas”, aplicando la Acupuntura Chamánica para restaurar las funciones del alma tras los eventos de trauma.
Mi autobiografía, como mi vida, aún no concluye. Aún hay mucho más que contar, es ahora cuando he comenzado verdaderamente a vivir…



